Del Madrid soy, y me siento privilegiado por ello.
Ser un seguidor del Real Madrid, no es una afición, es un sentimiento,
un estado de ánimo que va más allá de lo puramente deportivo, económico y social.
Desde que tengo uso de
razón, siempre he tenido el corazón blanco, y creo qué es debido al halo de grandeza, misticismo y casta que siempre
han caracterizado a nuestro querido equipo.
Me puedo considerar muy afortunado, pués yo ví, cuando era tan sólo
un niño, jugar a “El Buitre” y su quinta cuando no eran más que unos adolescentes que hacían vibrar al
público con el filial del Madrid, llamado por aquella época “Castilla C.F”, qué dicho sea de paso era un
nombre mucho más emblemático que el que se usa ahora (Real Madrid B).
Era sin duda, una época curiosa del
fútbol español, donde el Athletic de Bilbao era un equipo muy fuerte y siempre aspiraba a ganar todas las competiciones
nacionales. Y de hecho quedó campéon de liga durante 2 años consecutivos, con finales de campeonate realmente
reñidos.
Estoy convencido de que esta institución, es de los pocos nichos, sino el único, dónde varias
generaciones se dan la mano, se sientan juntos a contar y escuchar historias de batallas épicas en terrenos de juego con verde
tápiz, y encuentran un nexo de unión que une a todos en torno a una idea común: el gusto por el buen fútbol,
el juego caballeroso, limpio y elegante, y una deportividad exquisita.
Antes de cerrar la primera entrada de esta página,
quiero mandar un caluroso abrazo a todos los madridistas del mundo (que somos muchos) y despedirme con un sonoro HALA MADRID!